
Por si no ha quedado claro a estas alturas, lo que me interesa es la actualidad, lo que va pegado al aquí y ahora. Por eso, del mismo modo que hago zapping por las páginas de los periódicos en la hemeroteca o en el quiosco de turno, también me paseo por las películas de estreno de cada fin de semana.
Los últimos domingos, en el centro comercial de guardia, han sido cinco estrenos. Hoy también. ‘Mi nombre es Harvey Milk’, ‘Cuando ella la encontró’, ‘Bienvenidos al norte’, ‘Resistencia’ y ‘Quarantine’.
A las cuatro de la tarde del domingo, pues, toca zambullirme en ellas. Asomarme siquiera. Porque es domingo 11 de enero. Y es lo que toca. Como toca despegar las páginas de los periódicos de este día, todavía pegadas por los agujeros. Si fuera 18 de enero, o de febrero, o de marzo, asomarme a estos títulos sería una excentricidad. Lo que más me llama la atención es ver las salas llenas viendo la biografía, o biopic, de Harvey Milk. Pienso en que toda esa gente que está ahí sentada no tenían ni idea, el 11 de diciembre, hace sólo un mes, de quién era este señor ni tenían conocimiento de que Gus Van Sant había hecho su película sobre su vida. La publicidad, el marketing y la distribución hacen milagros. Y provocan que mucha gente pase este domingo asistiendo a esta crónica sobre la causa gay. También debo decir que muchos de los no avisados se salen a mitad de la proyección.
