domingo, 15 de marzo de 2009

DE OBLIGADO CUMPLIMIENTO

De obligado cumplimiento. Hay que ver 'Blindness', y a las cuatro de la tarde estamos allí. 'A ciegas' me parece un truño, un peñazo, dos horas de pestiño que no se acaban nunca. ¿Que lo que quería transmitir Meirelles era ese ambiente opresivo y desesperante generado por la angustia de no poder ver? Claro, si en lugar de dos horas hubiese invertido cinco la desesperación angustiosa se habría multiplicado, también en la grada.
Tendemos tanto a sobrevalorar... Somos tan críos. Dice la voz en off en la película en un momento dado: "La alegría y el dolor se alternan en la vida. La alegría y el dolor no son como el agua y el aceite. Se mezclan".
Dios mío, qué descubrimiento. Lo dice Danny Glover, el actor que pone la voz, que aquí es doblado por una voz también solemne. Pero qué editorializante: resulta que la alegría y el dolor son compatibles en la vida. Las dos caras de la moneda. Y yo sin enterarme...

Esto me recuerda a mis visitas estivales a Taizé, donde se reunían, cada semana, cinco mil jóvenes mayormente europeos. En sus alocuciones, frère Roger, o el hermano de turno, hablaba y hablaba largamente para llegar a una conclusión: "Dios te ama'. Tres palabras, 'dios te ama', y la concurrencia, como en aquellos anuncios de las teletiendas, decía, 'ohhh, ahhh, dios me ama'. Y aquello era un sinvivir de gozo y alegría.

Pero me estoy desviando. La temporada alta en los cines se acaba. 'A ciegas' había quedado rezagada, y con la llegada de Almodóvar el ciclo se acaba. La luz termina por invadirlo todo. Eso de que la primavera entra el día 20 son cuentos. Por estos lares, al menos por la mitad sur de la península, ya es primavera. Miras el mapa del tiempo y resulta que de las máximas de Madrid y Lisboa de este sábado, 23 grados, a las de la capital más cálida, hay una distancia de diez grados. Y de Berlín hacia arriba siguen con techos de seis grados. Qué sabrán ellos del cambio climático.
Tal vez 'A ciegas' hubiese que verla en pleno invierno, o en Moscú. Aquí, a las cuatro de la tarde, con la luz que cae por todas partes, es una verdadera provocación. Que el hombre es un lobo para el hombre era algo sabido. Que todos estamos ciegos, pues salta a la vista. Que hay que saber mirar, eso ya lo supe yo en los días previos a mi primera comunión.

2 comentarios:

  1. Gracias por avisar. Otro truñete que me ahorro.

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  2. Me gustó tanto el libro que había pensado verla...pero puede que me quede con la angustia que transmite Saramago.

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