Ya lo dije al año pasado, y lo mantengo. Con Jordi Minguell y con David Carrón me encuentro en la gloria. Y a fé que no es fácil conseguir ese grado de felicidad. Para que ello ocurra es precisa la compenetración, el entendimiento profundo con las palabras y con el lenguaje no verbal. Con Jordi y con David me iría al fin del mundo. Que con ellos sería paraíso.
Sus mentes despiertas me secuestraron en cuanto les conocí. A cada uno en una de mis paradas de la ruta festivalera. El año pasado se conocieron aquí, en Donostia. Éste ya derrochan formas y aplomo de veteranos.
viernes, 19 de septiembre de 2008
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